La necesidad y la oportunidad de estudiar el impacto económico de los tsunamis en las costas españolas
Dr. Miguel Llorente Isidro - Área de Riesgos Geológicos. Instituto Geológico y Minero de España. (m.llorente@igme.es)
Dr. Jorge Macías Sánchez - Grupo de Investigación en Ecuaciones Diferenciales, Análisis Numérico y Aplicaciones. Universidad de Málaga. (jmacias@uma.es)
1. Introducción
Figura 1. Base de datos de la National Oceanic and Atmospheric Administration de los Estados Unidos (NOAA), sobre tsunamis (2) (https://maps.ngdc.noaa.gov/ (se abre en una ventana nueva)). Los colores representan el grado de impacto en vidas humanas y la forma del símbolo indica su origen (terremotos, círculo; volcanes, triángulo; movimientos de ladera, cuadrado).
En España (5) se estimó para el año 2017 que en las zonas de playa en particular, las pernoctaciones alcanzaron su máximo en unas 40.000 personas al día. Tomando como referencia el tsunami de Lisboa de 1755, se puede hacer un cálculo aproximado del número de españoles potencialmente víctimas de un tsunami equivalente a aquél que pudiera ocurrir hoy. Así, en 1755, en España, perecieron unas 1.214 personas (6). Por aquel entonces la población era de unos 9 a 10 millones de habitantes (7) y dado que el crecimiento poblacional hasta la actualidad ha sido cercano a x5 (o incluso x20 en zonas costeras), la cifra orientativa sería entre 5.000 y 24.000 personas. Es decir, que en términos de víctimas mortales, la magnitud de referencia para un evento similar al de 1755 podría presuponerse teóricamente en hasta unas 60.000 personas, incluyendo locales y turistas. En términos de afectados, la cifra ha de ser mucho mayor. En todo caso, esta aproximación debe ser revisada y trabajada para ofrecer una cifra apoyada en los métodos más avanzados, y usando el mayor número de datos y de la mejor calidad que resulte posible.
2. Qué es un tsunami
Figura 2. Esquema simplificado de una ola común aproximándose a la costa y distintas zonas de la playa de acuerdo a la forma de las olas. En rojo, el movimiento de una partícula en el agua.
A medida que una ola se acerca a la costa se sobre-eleva, rompe y después progresa como una lámina hacia el interior (figura 2) aunque todo ello está en función, además de las características de la ola, de la geometría de la costa, incluyendo la parte emergida y la sumergida. El hecho de que las olas se deformen y rompan proviene de la imposibilidad del agua de seguir un patrón circular cuando la profundidad es menor que la mitad de longitud de onda. Tanto es así, que llega un momento en el que la oscilación se puede simplificar a un movimiento paralelo al fondo, en cizalla. Un tsunami, por este motivo, es más parecido a una zona de swash (o de esparcimiento) que a una ola propiamente dicha, y su avance tierra adentro sigue una oscilación (más o menos) paralela al relieve (si ignoramos la turbulencia). Cuando predomina el movimiento del agua hacia tierra, se dice que el tsunami está en avance (o en run-up en inglés) y cuando predomina el movimiento del agua hacia el mar se dice que el tsunami está en retroceso, en resaca (o en backwash en inglés). Mientras que en avance el proceso es decelerado (en contra de la gravedad y sobre una superficie no inundada y, por tanto, de alta fricción), en resaca el proceso es acelerado (a favor de la gravedad y moviéndose sobre una superficie inundada); por lo que un tsunami en resaca es igual o más peligroso que en avance.
Mar adentro, en zonas profundas, la altura de un tsunami es muy pequeña, de unos pocos centímetros, y se desplaza muy rápido, comparable a la velocidad de un vuelo comercial (8) (unos 900 km/h). Sin embargo, a medida que se acerca a la costa, por este efecto de no poder desarrollar el movimiento oscilatorio, la altura del tsunami se va haciendo cada vez mayor. La perspectiva de un tsunami desde tierra es parecida a un aumento súbito del nivel del mar, que progresa hacia tierra a una velocidad parecida a la de un caballo a galope (8) (casi 40 km/h). En definitiva, un tsunami puede provocar inundaciones costeras cuyo poder destructivo radica tanto en la velocidad con la que se desplaza el agua como en el volumen de agua y el número de veces que se repite, ya que no es “una ola” sino “un tren de olas” o una sucesión de olas. A esto hay que añadirle que a medida que el flujo avanza se va enriqueciendo en sedimentos (rocas, arena) y todo tipo de objetos (coches, residuos, troncos y restos vegetales) que se añaden a su capacidad para causar daños.
3. Desencadenantes de los tsunamis
3.1. Tsunamis provocados por terremotos
Figura 3. Relación entre el número de terremotos y su magnitud con un equivalente en energía liberada (en kg de trinitrotolueno o TNT) (10).
Dado que la profundidad es un aspecto tal vez más crítico que el mecanismo focal, un mapa de la distribución de terremotos por profundidad permite dar una idea preliminar de las zonas más propensas a generar tsunamis desencadenados por terremotos, que delimitan bastante bien los contornos de las placas tectónicas. Según el catálogo del Centro Sismológico Internacional, la gran mayoría de terremotos se producen a una profundidad inferior a 50 km (figura 5) y éstos ya sí podrían ser generadores de tsunamis si su magnitud fuera importante. No obstante, la mayoría de los terremotos más superficiales son de mecanismo predominantemente transformante. Por este motivo los tsunamis de origen sísmico no son tan frecuentes como los terremotos superficiales.
Figura 4. Los mecanismos focales de un terremoto (círculos con zonas negras y blancas) describen de forma gráfica la matriz numérica que caracteriza el movimiento relativo de dos bloques que se separan por una falla (11), remarcada con una fina línea roja a efectos didácticos. La indicación del “tamaño” del tsunami es meramente orientativa, a igualdad de otros factores, y sin considerar efectos secundarios de un terremoto (como deslizamientos submarinos o costeros).
Figura 5. Distribución de los terremotos del mundo representando el color la profundidad del hipocentro. Modificado del Centro Sismológico Internacional (12).
Durante el encuentro internacional de expertos en fuentes tsunamigénicas, celebrado en la Universidad de Málaga los días 6 y 7 de noviembre de 2017 (14), se identificaron tres zonas probables y capaces de generar tsunamis con potencial impacto significativo en las costas españolas. Se trata del área del golfo de Cádiz sensu lato (donde se originó el terremoto y tsunami de Lisboa de 1755), el Mar de Alborán (donde hay abundante actividad sísmica) y el margen norte de África (de donde se originó el primer registro de tsunami sismogénico el 21 de mayo de 2003 con daños económicos, sobre todo en las Baleares, pagados por el Consorcio de Compensación de Seguros por un monto de unos 350.000 euros (15).
3.2. Tsunamis provocados por movimientos de laderas
A diferencia de los tsunamis provocados por terremotos, los provocados por movimientos de ladera afectan a una extensión menor y se consideran, por tanto, tsunamis locales. Este criterio puede ser utilizado para discernir, al menos en parte, el origen de un tsunami cuando su fuente es submarina. Sin embargo, dado que la correlación entre terremotos y movimientos del terreno en zonas emergidas es conocida, cabe pensar que exista también una correlación entre los terremotos y los deslizamientos submarinos, por lo que la génesis de muchos tsunamis puede ser una intrincada combinación de ambos efectos. Otros fenómenos de naturaleza co-sísmica, como la licuefacción de suelos, podrían también constituir desencadenantes de movimientos de ladera, incluidos los submarinos.
En realidad, no fue hasta el evento de Papúa Nueva Guinea del 17 de julio de 1998 (un terremoto y deslizamiento submarino) cuando se comenzó a considerar seriamente el efecto de los deslizamientos submarinos como causa significativa de tsunamis (21). Este tsunami se cobró más de 2.000 víctimas. Como consecuencia, se desarrollaron campañas de investigación batimétricas para describir mejor el fondo marino y los depósitos del deslizamiento, mejorando desde entonces el reconocimiento y la cartografía de otros eventos similares. De hecho, la hipótesis de un gran deslizamiento asociado al flanco volcánico de la isla de La Palma, en el archipiélago canario, donde existen registros de multitud de mega-deslizamientos (22), tuvo una gran repercusión mediática. Sin embargo, el estudio de este tipo de deslizamientos apunta a que su frecuencia es del orden de las decenas de miles de años, relacionados con los procesos volcánicos de desarrollo de los edificios volcánicos.
En España (y en otras regiones volcánicas próximas) la probabilidad de que se desarrolle un mega-deslizamiento es muy pequeña, por lo que tiene más interés desde el punto de vista científico que desde la perspectiva de planificación. Al menos, así se concluyó durante la reunión internacional de expertos de 2017 celebrada en la Universidad de Málaga (14). Durante este encuentro también se concluyó que la posible ocurrencia de deslizamientos más pequeños y próximos a núcleos de población sí podría generar impactos localmente significativos. No obstante, las laderas de los volcanes italianos Etna y Stromboli llevan décadas siendo monitorizadas con el doble propósito de vigilancia volcánica y de mega deslizamiento vinculado también a la ocurrencia de tsunamis (23).
3.3. Tsunamis provocados por erupciones volcánicas
En España, las Islas Canarias son la única región volcánicamente activa, pero no existe hasta la fecha ningún estudio que permita establecer un vínculo creíble (o útil a efectos de planificación) entre la probabilidad de erupción y la probabilidad de que ésta generase un tsunami; al menos más allá del colapso de los flancos mencionado en el apartado de movimientos de ladera (caso de la Isla de La Palma). Por otra parte, otros volcanes que podrían generar tsunamis (aunque es discutible que llegaran a afectar a las costas españolas) son el Etna, las Azores, el Stromboli (que el 30 de diciembre de 2002 generó un evento de este tipo (23) u otros aún más lejanos.
3.4. Tsunamis provocados por cambios en la presión atmosférica
3.5. Tsunamis provocados por meteoritos
4. La simulación de tsunamis
A la hora de evaluar el impacto de un peligro natural es necesario establecer algunas hipótesis de trabajo y, en particular, resulta útil asociar la probabilidad del desencadenante a la probabilidad de la ocurrencia del peligro natural. Con ello se desprecia la variabilidad en los resultados debidos a cambios en otras variables y, por ello, se requiere una actualización continua de este tipo de estudios. Dado que la cantidad de desencadenantes de un proceso natural y, en particular de los tsunamis, puede ser muy variada, cualquier aproximación centrada en un único desencadenante infravalora el peligro real de la ocurrencia del fenómeno. No obstante, con los datos disponibles hoy en día se puede aproximar bastante si se centra el caso de estudio en la causa más probable (o más probada), que para los tsunamis son los terremotos. Otra forma de abordar un peligro natural es simular un evento previo conocido, partiendo de la hipótesis de que “si ha ocurrido en el pasado, podría volver a ocurrir en el futuro”. En sentido estricto esta hipótesis es buena si los procesos son cíclicos (como la evaporación y precipitación de agua) pero para procesos no-cíclicos (como los movimientos de ladera o los terremotos) la hipótesis pierde validez en favor de una aproximación más probabilista. Incluso en casos de inundación por precipitación extrema, si bien el desencadenante es un proceso cíclico, no lo es su resultado, la inundación, pues los cambios morfológicos del cauce y los cambios que ocurren a nivel de cuenca dan como resultado inundaciones diferentes para precipitaciones idénticas en distintos momentos. Es por ello que la validez de este tipo de estudios se suele acotar a un futuro próximo, que para las inundaciones fluviales es de seis años según la Directiva Europea de Inundaciones (29).
La dificultad de trabajar con terremotos como desencadenantes de tsunami, es decir, con epicentro en una masa de agua, radica en que sus características no se suelen estimar con el mismo nivel de incertidumbre que los terremotos continentales. Esto se debe a la distribución de los sismógrafos, ubicados en su inmensa mayoría en tierra por razones obvias del coste de mantenimiento y a que se puede caracterizar mejor un terremoto con epicentro en terreno emergido por medio de estudios complementarios (geológicos e incluso históricos en proximidad con poblaciones). La falta de estudios de geología marina enfocados a la caracterización de las fuentes sísmicas tsunamigénicas es por tanto un reto que debe abordarse para reducir la incertidumbre. Entre tanto, muchas de las fuentes se caracterizan de acuerdo al estado de conocimiento actual, que se centra sobre todo en los registros sísmicos instrumentales y en la información derivada de las campañas oceanográficas, que a estos efectos aportan información de tipo batimétrico y geofísico. Con esta información se delinean y caracterizan las propiedades de las fuentes y se calcula su probabilidad de ruptura asociada a la magnitud y a la profundidad epicentral.
Figura 6. Efectos del tsunami de Japón (2011).
Fuente AFP/GETTY.
4.1. La deformación cortical como origen de un tsunami
La fuente tsunamigénica, cuando es de origen sísmico, se suele aproximar siguiendo el modelo de Okada (30), que se apoya en la teoría de elasticidad para dar lugar a la deformación cortical que, en primera instancia, da lugar al tsunami.
A partir de este modelo se deriva la deformación cortical que da lugar a la “condición inicial”, es decir, a la situación de deformación de la superficie libre del mar que genera el tsunami. De aquí en adelante queda simular la evolución de la onda inicial, primero en mar abierto para, finalmente, recrear su impacto en la costa.
4.2. La simulación de flujo del tsunami en mar abierto
Para el caso de flujos encauzados (como el agua de un canal) se puede simplificar el movimiento del agua considerando que, para una sección en particular del cauce, el flujo sigue un único vector de dirección (simulación uni-dimensional). Para el caso de los tsunamis, la aproximación puede ser unidimensional (en perfiles) pero se desprecian los efectos relacionados con la interacción de las ondas durante su aproximación a la costa y debidas a su geometría, así como los efectos anidados de las reflexiones y difracciones de las ondas. Con ello se elimina toda posibilidad de evaluar efectos de amplificación costeros, que son críticos para explicar muchas circunstancias de un tsunami. A pesar de ello, la aproximación 1D es muy apropiada para abordar casos de estudio generalizados (o donde no sea posible realizar otro tipo de aproximaciones) siempre que se realice por especialistas de primer orden aportando resultados confiables (32), que pueden llegar a ser contrastados con modelos físicos reducidos a escala. Las aproximaciones bi-dimensionales consideran que, para un punto cualquiera del dominio de cálculo, el agua puede desplazarse en cualquier dirección de un plano. La diferencia en términos computacionales de un modelo 1D a un modelo 2D es de varios órdenes de magnitud de diferencia, tanto en demanda de datos como en tiempo de cálculo. En un ordenador convencional, una simulación puede tardar semanas en completarse dependiendo, sobre todo, del tamaño y resolución del dominio de cálculo. La simplificación a un modelo 3D, incrementa a su vez la complejidad otro tanto, y a día de hoy sólo se utiliza para casos de mucho detalle (en ningún caso a escala general o de cuenca) y, sobre todo, en el ámbito industrial (turbinas, motores, pilares de puentes, presas) a un coste computacional muy alto.
La literatura científica está repleta de ensayos de simulación de tsunamis, y no ha sido hasta tiempo reciente que la computación empieza a abandonar, de forma lenta y progresiva, el cálculo en CPU (Central Processing Unit, o unidad central de procesamiento) para ejecutarse en GPU (Graphics Processing Unit, o unidad de procesamiento gráfico) ganando con ello velocidades de cálculo en el orden de 100-200 veces más rápidas (debido a que la arquitectura de las GPUs permite realizar miles de operaciones sencillas simultáneamente, lo que hace posible la alta paralelización de determinados algoritmos de cálculo).
Uno de los modelos de simulación de tsunamis más avanzados, en cuanto a algoritmos precisos y computacionalmente eficientes, ha sido desarrollado en España por el grupo EDANYA (33) de la Universidad de Málaga. Este equipo de matemáticos ha estudiado e implementado decenas de esquemas numéricos, comparado sus resultados y tiempos de cálculo hasta seleccionar el código óptimo para la simulación numérica de tsunamis en el contexto de los Sistemas de Alerta Temprana de Tsunamis. Se trata del modelo de simulación Tsunami-HySEA, englobado en la familia de códigos HySEA (34) (Hyperbolic Systems and Efficent Algorithms o sistemas hiperbólicos y algoritmos eficientes), desarrollado en lenguaje CUDA para GPUs NVIDIA. La eficiencia de cálculo para resolver la propagación ha permitido reducir los tiempos de cálculo desde los días (o semanas) de los medios convencionales, a sólo algunos minutos e incluso, en la actualidad, a segundos con el uso de múltiples tarjetas NVIDIA de última generación (Teslas V100). Tanto es así, que este código ya ha sido integrado como módulo de cálculo en Sistema de Alerta Temprana en varios países, incluido el nuestro, aunque por cuestiones diversas, en España seguimos dependiendo de matrices de decisión y bases de datos pre-calculadas. Este sistema, desarrollado en la Universidad de Málaga, recibió el pasado mes de marzo el prestigioso galardón NVIDIA Global Impact Award, otorgado por primera vez en su historia a un organismo de investigación no-estadounidense y, además, ha superado los estándares requeridos por el NTHMP (35).
Pero para esta parte del estudio de los tsunamis, la propagación, solo se tiene en cuenta la deformación del fondo y su efecto en mar abierto. Al llegar a tierra, comienza la fase de cálculo de la inundación.
4.3. La inundación del tsunami
Cuando se habla de simulación de inundaciones, en realidad lo que se genera no es “una simulación”. Lo normal es que se hagan múltiples simulaciones, de manera que aquellos errores detectables en una simulación sean solventados en la siguiente y así sucesivamente hasta que las incertidumbres no sean significativas para los objetivos de cálculo. No es infrecuente que el proceso pueda implicar decenas de ensayos previos. Por si fuera poco, generalmente se simulan distintos escenarios y se repiten todas las simulaciones “finales” para comprobar la estabilidad del resultado, aplicando variaciones a distintos parámetros (análisis de sensibilidad).
El modelo Tsunami-HySEA utiliza una estrategia de mallas estructuradas anidadas sobre el mismo esquema de cálculo, de manera que la de menor resolución (nodos de cálculo más alejados o píxeles más grandes) realiza una computación más ágil y sirve para aportar la condición de contorno a la siguiente malla de mayor resolución y así sucesivamente según convenga. El mismo código numérico realiza ambas fases de la simulación: la propagación en mar abierto y la inundación costera, adaptando los algoritmos numéricos implementados en cada caso de manera adecuada. Esto representa una gran ventaja a la hora de su utilización en la práctica, ya que evita pasos intermedios de procesado de datos para la adaptación del modelo de propagación al de inundación.
4.4. Datos necesarios para simular tsunamis de origen sísmico
Para el caso de estudio de España, el catálogo de eventos sísmicos y la topografía los proporciona el Instituto Geográfico Nacional de forma libre y para todo el público vía web. En cuanto a las fallas activas, el Instituto Geológico y Minero de España proporciona, en acceso abierto, la Base de Datos sobre Fallas Cuaternarias Activas (QAFI, Quaternary Active Faults of Iberia), así como otras fuentes de información necesarias para comprender el marco tectónico regional (el mapa GEODE –geología digital continua de España y productos derivados o asociados). En cuanto a las fuentes sísmicas tsunamigénicas, aún se está trabajando para consensuar los parámetros. En cuanto a la batimetría, el Instituto Geológico y Minero de España pertenece a la red EMODnet (European Marine Observation and Data Network (36) que genera coberturas batimétricas continuas lo más homogéneas y coherentes posible, utilizando datos de diversas campañas oceanográficas. La última versión disponible es de septiembre de 2018, con un píxel de 250x250 metros. Además, es necesario contar con batimetrías de la zona próxima a la costa a mayor resolución, que pueden obtenerse de distintos proveedores, como el Instituto Hidrográfico de la Marina, el Ministerio para la Transición Ecológica y proyectos de investigación oceanográfica (como el proyecto FAUCES (37), con socios de sobrado prestigio, como el Instituto Geológico y Minero de España, el Instituto de Ciencias del Mar [Centro Superior de Investigaciones Científicas], el Instituto Español de Oceanografía, la Universidad de Salamanca y la Comisión de Geología Marina de la Sociedad Geológica de España).
Figura 7. Datos necesarios para caracterizar la fuente sismo-tsunamigénica: coordenadas del epicentro (latitud, longitud); profundidad del hipocentro (km); salto neto de falla (net slip, metros); dirección y buzamiento del plano de falla (strike direction, dip direction, en grados medidos desde el Norte hacia el Este); dirección de cabeceo (plunge direction); ángulo de cabeceo (rake); y, finalmente, longitud y anchura del plano de falla (km).
4.5. Los resultados de las simulaciones de tsunamis
- las alturas de ola en su proximidad a la costa, pues aportan un valor de referencia clave para estimar la “intensidad” esperable de un tsunami a lo largo de una costa;
- el tiempo de llegada de la primera ola (positiva o negativa) o de la ola más significativa (representa la ventana máxima disponible para toda acción de autoprotección y alerta temprana);
- registros mareográficos virtuales en puntos singulares (donde se puede observar la oscilación completa del tsunami a lo largo del tiempo).
En cuanto a la parte de inundación, típicamente se usan las siguientes variables (figura 10):
- la altura máxima de remonte del tsunami (o run-up, que proporciona la información sobre el límite afectado tierra adentro en términos de altitud sobre el nivel del mar que alcanza el tsunami a lo largo de la costa);
- la profundidad máxima del agua en cada punto inundado (lo que incluye implícitamente la extensión máxima o alcance máximo);
- la velocidad máxima del agua en cada punto inundado (si bien es cierto que es menos común que la profundidad porque el tratamiento es muy exigente; para empezar, implica dos valores por píxel: módulo en dirección este-oeste y módulo en dirección norte-sur y para continuar, su variabilidad espacial es muy grande);
- el flujo específico del agua en cada punto (que integra el concepto clásico de volumen de agua movilizado por unidad de tiempo en cada punto, con o sin indicación de dirección).
Todos estos parámetros se pueden obtener distribuidos en el tiempo, por ejemplo, al objeto de generar vídeos o material más detallado, pero dado que el volumen de los datos así expresado es muy grande, su procesado es muy lento.
Figura 8. Ejemplo de mapa de tiempos de amplitud máxima de onda (arriba) y tiempo de llegada (abajo) (38).
Figura 9. Ejemplo de registro mareográfico virtual en dos puntos ubicados antes y después de un espigón portuario (39).
Figura 10. Ejemplo de tres parámetros (calado, velocidad y flujo) obtenidos mediante el modelo Tsunami-HySEA y post-procesados en un Sistema de Información Geográfica (39).
5. La evaluación del daño de un tsunami
Cabe señalar que para el caso de estudio en España, habría que revisar la validez de este modelo, y en particular para su integración en la aproximación general desarrollada por el IGME para el Consorcio de Compensación de Seguros (46) (CCS) a efectos de cálculo cuantitativo de pérdidas económicas. La interpretación cuantitativa de otros trabajos similares podría ser particularmente útil en este sentido, como la Guía para la reducción de la vulnerabilidad de los edificios frente a las inundaciones, del CCS (47).
6. Discusión
El primer peligro para el que Europa consiguió cuantificar y visualizar mediante una herramienta cartográfica fue el de inundación y ha sido solo gracias a la promulgación de la Directiva Europea de Inundaciones (29) que entró en vigor el año 2007 y a su ulterior implementación en las regulaciones nacionales. Menos de un año después, el IGME publicaba un manual técnico para la elaboración de mapas de inundaciones (48); y cuatro años después el MAPAMA publicaba la guía para elaborar el Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables (49)'(50).
Todo ello fue fruto de un importante esfuerzo previo de diferentes grupos de trabajo en los que el IGME y la Dirección General de Protección Civil y Emergencias (DGPCYE) pidieron, con insistencia, que se incluyeran los tsunamis como parte del análisis de los riesgos de inundación costeros. Pero los tsunamis quedaron explícitamente excluidos de la Directiva Europea de Inundaciones, de su transposición y relegados por completo. El tsunami de Sumatra de 2004 y el de Japón de 2011 dispararon el interés mundial por estos eventos y en la administración española creció el interés para abordar esta cuestión.
En 2015, se dio un importante paso en favor del estudio de los tsunamis en España: la DGPCYE publicaba la Directriz Básica correspondiente (51), y dos años después en 2017, se presentaba el estudio cualitativo de las áreas de interés (52), que destaca las costas Mediterráneas Peninsulares, el Golfo de Cádiz, Canarias y Baleares como áreas prioritarias frente a las costas gallegas y cántabras para abordar futuros trabajos.
7. Conclusiones
No cabe duda: ocurrirá un tsunami que afectará a las costas españolas. Es tan de Perogrullo como decir que mañana volverá a amanecer. Sin embargo, no podemos predecir cuándo, ni cómo, ni a qué parte de las costas españolas afectará el próximo tsunami.
Los mapas y los estudios de riesgos no tienen propósito predictivo; de hecho, lo último que se quiere es que se cumpla ni siquiera una sola de las premisas con que se realizan. El propósito de los mapas de riesgo es que sirvan como instrumento para alertar de las posibles consecuencias indeseadas para que, desde el día uno de su publicación, o incluso antes con trabajos de divulgación como este mismo artículo, se empiece a poner remedio para mitigar esos efectos, unas consecuencias que se calculan con la mejor ciencia disponible en cada momento.
A diferencia de los sistemas de alerta temprana, cuyo propósito es avisar con la mejor información posible y, por tanto, proveer a los afectados con la mayor exactitud posible de lo que sobreviene, los mapas y estudios de riesgos naturales permiten dar a conocer una realidad que no va a desaparecer por mirar a otro lado; permiten establecer unos umbrales de planificación acordes con el momento técnico y presupuestario, y para diseñar cuantas medidas se consideren oportunas para seguir la senda de Japón, cuyo objetivo (hoy utópico) es “cero víctimas por desastres naturales” (1).
Hoy se dan las circunstancias perfectas para liderar una iniciativa de estudio de los tsunamis en España. No será un estudio perfecto (no lo hay) pues, entre otras cosas, es necesario contar con información geológica de los océanos de mayor detalle, pero mientras eso llega, no podemos perder esta ola. El know-how está en España y al más alto nivel internacional. Si no empezamos ya, tal vez mañana sea demasiado tarde.
Agradecimientos
Los autores agradecen a los compañeros que se han prestado para revisar o a mejorar el artículo, tanto del Instituto Geológico y Minero de España, de la Universidad de Málaga, del Instituto de Hidráulica Ambiental de la Universidad de Cantabria, como otras personas cercanas que se han tomado la molestia sin otra contrapartida que este modesto párrafo.

Fuente: AFP/GETTY.
Los mapas y los estudios de riesgos no tienen propósito predictivo; de hecho, lo último que se quiere es que se cumpla ni siquiera una sola de las premisas con que se realizan. El propósito de los mapas de riesgo es que sirvan como instrumento para alertar de las posibles consecuencias indeseadas para que, desde el día uno de su publicación, o incluso antes con trabajos de divulgación como este mismo artículo, se empiece a poner remedio para mitigar esos efectos, unas consecuencias que se calculan con la mejor ciencia disponible en cada momento.
