Hoja de ruta de adaptación del sector asegurador frente al cambio climático: de la compensación de daños a la prevención mediante el ejemplo de la restauración a gran escala
Arturo Elosegi, Miriam Colls - Universidad del País Vasco
Florentina Nanu - BDP Group, Rumanía
Camelia Ionescu - WWF Rumanía
Mia Ebeltoft - Climate Risk Advisory, Noruega
Kirsty Blackstock, Esther Carmen - James Hutton Institute, Escocia
Eva Hernández - Oficina Global de Wetlands International, Holanda
Anna Berczi-Siket - WWF Hungría
Elena López Gunn - Real Instituto Elcano
El seguro ha sido históricamente un instrumento esencial para compensar daños y facilitar la recuperación tras eventos extremos. Sin embargo, el aumento de pérdidas asociadas al cambio climático obliga a ampliar esta función para, no solo cubrir las pérdidas después del desastre, sino también para ver cómo contribuir a reducir el riesgo mediante la prevención. A partir de MERLIN
(1)MERLIN fue una acción de investigación e innovación financiada por el programa Horizonte 2020 de la Comisión Europea bajo el acuerdo de subvención n.º 101036337.
Agradecimientos: queremos agradecer particularmente a Sebastian Birk y a Daniel Hering, coordinadores del proyecto, su apoyo y colaboración durante el mismo. –un proyecto europeo centrado en la restauración de ecosistemas fluviales a gran escala–, este artículo analiza cómo el sector asegurador puede apoyar la prevención mediante la restauración, la compartición de datos de siniestralidad, la modelización del riesgo, los incentivos para la inversión resiliente y la colaboración a nivel territorial. El caso del País Vasco muestra cómo la restauración fluvial puede conectarse con cartografía de peligrosidad, exposición económica, pérdidas evitadas y análisis coste-beneficio. El caso de Rumanía analiza esta perspectiva para el seguro agrario en la cuenca del Danubio, mientras que la reciente experiencia de Hungría amplía la reflexión hacia la brecha de protección, la asegurabilidad futura y el papel de las soluciones basadas en la naturaleza. El artículo concluye indicando que el seguro no sustituye a la planificación pública ni a la restauración ecológica, pero puede convertirse en un elemento clave para orientar decisiones preventivas si se apoya en evidencia verificable, gobernanza compartida y medidas mantenidas en el tiempo.
Introducción: el seguro ante un clima que cambia
Durante décadas, el seguro ha cumplido una función fundamental compensatoria: absorber pérdidas económicas y facilitar la recuperación tras eventos extremos. Esa función sigue siendo indispensable: aporta liquidez, permite reponer bienes dañados y ayuda a que hogares, empresas y administraciones puedan iniciar la recuperación después de un desastre. Sin embargo, el cambio climático está modificando las condiciones de contorno bajo las cuales opera el sector asegurador. El aumento de la exposición, la vulnerabilidad acumulada en determinados territorios y la intensificación de eventos extremos hacen que la pregunta ya no sea solo cómo indemnizar mejor, sino cómo reducir el riesgo antes de que el daño se produzca (IPCC, 2022).
La DANA de octubre de 2024 mostró con claridad la magnitud de este desafío en España. A 27 de marzo de 2026, el Consorcio de Compensación de Seguros había registrado 251.549 solicitudes de indemnización, con 4.378 millones de euros abonados y una estimación de coste total cercana a los 4.800 millones de euros (Consorcio de Compensación de Seguros, 2026a). El episodio confirmó la capacidad del sistema asegurador español para responder ante una catástrofe de gran escala, pero también evidenció los límites de una estrategia centrada únicamente en compensar daños una vez ocurridos.
Esta tensión no es exclusiva de España. A escala europea, se estima que únicamente alrededor de entre un tercio y la mitad de las pérdidas causadas por catástrofes climáticas estuvieron aseguradas en 2025 (Gallagher Re, 2026; Swiss Re, 2026). La brecha de protección no puede cerrarse solo con más pólizas. También requiere actuar sobre los factores que configuran el riesgo: amenaza, exposición, vulnerabilidad, capacidad de respuesta, planificación territorial y mantenimiento de infraestructuras naturales y construidas.
Figura 1. Conexión entre el ciclo de adaptación climática y el ciclo de reducción del riesgo de desastres, con el papel articulador del seguro.
Fuente: elaboración propia a partir de IPCC (2022) y UNDRR (2015).
La Figura 1 resume esta idea. El ciclo de adaptación climática y el ciclo de reducción del riesgo de desastres suelen tratarse como puntos separados, pero comparten un mismo objetivo: reducir daños actuales y futuros. El seguro puede actuar como puente cuando sus datos, modelos, incentivos y aprendizajes se conectan con decisiones de adaptación, prevención y reconstrucción resiliente.
Necesidad de acción en prevención
El sector asegurador tiene una clara oportunidad de actuar frente a los desafíos del cambio climático y la incertidumbre por tres motivos principales:
- Responsabilidad Social e Imagen del Sector: El seguro puede desempeñar un papel activo en la reducción del riesgo. Cuando los riesgos son demasiado altos y la cobertura se retira, las consecuencias socioeconómicas para los ciudadanos, las PYMES, los sectores asegurados y los gobiernos son graves, lo cual impacta negativamente en la imagen y el propósito del sector.
- Sostenibilidad de Productos y Mercados: A nivel global –aunque no en España por nuestro modelo mutualizado–, las zonas donde no se aseguran riesgos climáticos, si bien ahora son anecdóticas, están destinadas a incrementarse. Es fundamental para el sector no solo explorar nuevos productos, sino también asegurar la continuidad de los mercados y productos que ya gestiona.
- Mitigación del Riesgo Inversor y Operacional: Las aseguradoras son grandes inversoras y el riesgo territorial afecta directamente a sus carteras. Los eventos climáticos extremos amenazan tanto las inversiones (una de sus líneas de negocio) como la disponibilidad de los asegurados para pagar primas, poniendo en peligro su modelo de negocio.
Prevención a escala territorial: lo que MERLIN permite ver
La experiencia de MERLIN ayuda a responder una pregunta concreta para el sector asegurador: ¿qué ocurre si algunas intervenciones de restauración a gran escala no se leen sólo como conservación ambiental, sino también como medidas capaces de reducir daños futuros; es decir, de adaptación o de reducción del riesgo de desastres basadas en los ecosistemas? En este contexto es importante destacar que el actual borrador del segundo programa de trabajo del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático de España (PNACC) ha identificado la restauración como una medida de adaptación, alineada con el Plan de Restauración Nacional que se publicará en septiembre de 2026, en línea con el Reglamento UE 2024/1991. Por lo tanto, a nivel regulatorio este tipo de medida ya se ha identificado como una importante medida de inversión en adaptación para la reducción del riesgo y adaptación al cambio climático.
En esta línea se encuentra MERLIN, que es un proyecto europeo de Horizonte 2020 dedicado a la restauración de ecosistemas de agua dulce a gran escala. Se estudiaron ríos, humedales, llanuras de inundación y otros sistemas acuáticos en distintos contextos europeos, con el objetivo de mostrar cómo la restauración puede generar beneficios ambientales, sociales y económicos. Uno de los sectores clave identificados para analizar su potencial rol en la restauración ambiental a gran escala fue el sector asegurador. En concreto cómo, cuándo y dónde la restauración territorial puede formar parte de una estrategia de prevención cuando contribuye a reducir exposición, vulnerabilidad o pérdidas potenciales (Pott et al., 2025).
Figura 2. Localización de los casos de MERLIN en Europa: turberas y humedales, pequeñas cuencas y grandes ríos transfronterizos. El caso del País Vasco (río Deba), analizado en este artículo, se sitúa en el norte de la península ibérica (2).
Fuente: MERLIN.
La restauración de determinados ecosistemas puede actuar como parte de la infraestructura de prevención del territorio. Humedales, llanuras de inundación o vegetación de ribera no eliminan el riesgo, pero pueden mitigar los impactos y los daños asociados al retener agua, reducir velocidades, estabilizar márgenes o amortiguar crecidas. La evaluación realizada en MERLIN muestra que las intervenciones de restauración de ecosistemas fluviales, como los humedales, pueden generar múltiples beneficios ambientales, sociales y económicos cuantificables, incluyendo contribuciones positivas a la resiliencia frente a inundaciones y sequías. También se ha documentado cómo la magnitud de esos efectos y el nivel de confianza asociado varían entre casos y dependen del tipo de medida, del contexto territorial, de la disponibilidad de datos de seguimiento y del mantenimiento en el tiempo (Schwerk et al., 2025). Esa contribución, por tanto, debe demostrarse caso por caso mediante monitoreo, indicadores y evaluación de resultados.
La metodología de MERLIN sobre restauración a gran escala partió de un modelo activo de diálogo con sectores que operan en el territorio y en la gestión del riesgo: agua, agricultura, energía, navegación, planificación urbana y seguros. Es decir, un marco de riesgos compartidos que no puede ser concebido como un tema exclusivamente ambiental. En este marco, el seguro aparece como un sector transversal que no necesariamente ejecuta la restauración, pero puede ayudar a valorar, incentivar o financiar medidas que reduzcan pérdidas futuras (Blackstock et al., 2025; Vion Loisel et al., 2025).
Por eso, la pregunta relevante no es si una medida es «verde», sino si estas medidas modifican alguna variable del riesgo de forma demostrable. Para el sector asegurador esto exige traducir la restauración a información operativa: qué daño puede evitar, bajo qué escenarios, con qué incertidumbre, quién mantiene la medida y durante cuánto tiempo conserva su función protectora o mitigadora el riesgo.
La hoja de ruta del sector asegurador: de compensar a prevenir
La hoja de ruta del sector asegurador desarrollada en MERLIN traduce el valor preventivo de la restauración en las decisiones propias del sector: datos, tarificación, condiciones de cobertura, inversión y colaboración público-privada. No propone que las aseguradoras se conviertan en restauradoras, sino que utilicen su conocimiento y capacidad técnica y financiera en la gestión de riesgos para reconocer cuándo una medida territorial de restauración reduce pérdidas esperadas (Vion Loisel et al., 2025).
A partir de ahí, la hoja de ruta del sector asegurador como un potencial actor en la restauración a gran escala puede ordenarse en siete elementos claves:
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Mejorar el uso de datos de daños. Cada siniestro genera información sobre las causas del daño, su localización, el tipo de activo afectado, coste, recurrencia y velocidad de recuperación. En conjunto, estos datos permiten identificar patrones territoriales de riesgo y orientar decisiones preventivas. Para que sean útiles más allá de la gestión individual del expediente, deben poder agregarse, analizarse y compartirse de forma compatible con la confidencialidad y la protección de datos. En este caso se añadiría también información sobre las pérdidas de capital natural, los servicios ecosistémicos y sus funcionalidades.
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Comparar costes y beneficios de distintas medidas de reducción del riesgo. La prevención no se decide en abstracto. Administraciones, empresas y aseguradoras necesitan comparar alternativas. En este caso, lo diferencial es qué medidas incluye la restauración como medida de prevención y sobre todo la restauración a gran escala como una medida adicional y/o complementaria a la infraestructura gris, medidas híbridas, sistemas de alerta, cambios de uso del suelo o mejoras constructivas. El sector asegurador puede aportar su experiencia en la estimación de pérdidas esperadas y análisis de escenarios, siempre que las medidas se traduzcan en variables relevantes para el riesgo. Entretanto, el sector medioambiental puede aportar su conocimiento sobre el funcionamiento de los ecosistemas y la restauración a gran escala en, por ejemplo, su capacidad de regulación hidrológica.
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Desarrollar métricas y estándares. Muchas actuaciones de restauración generan beneficios múltiples o cobeneficios como biodiversidad, calidad del agua, recreación, carbono o cohesión social. Sin embargo, el seguro necesita entender en concreto la contribución específica de la restauración a gran escala en la reducción del daño, es decir, como una medida de prevención. Para ello hacen falta líneas base, monitoreo, modelos comparables y metodologías que permitan estimar pérdidas evitadas o reducción de exposición (Johannes-Gold et al., 2026).
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Incorporar señales preventivas en políticas aseguradoras y financieras. Si una medida reduce de forma demostrable el riesgo, debería poder reflejarse en condiciones de cobertura, recomendaciones técnicas, bonificaciones, franquicias o apoyo a planes de reducción de vulnerabilidad. Este paso requiere análisis e innovación a nivel sector, porque muchas medidas de restauración a gran escala y soluciones basadas en la naturaleza generan beneficios colectivos que no siempre pueden atribuirse a un único asegurador.
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Revisar carteras y exposición. El cambio climático está modificando la frecuencia, intensidad o distribución espacial de determinados riesgos. Esta revisión no debería conducir únicamente a encarecer o retirar coberturas, sino también a identificar dónde las medidas preventivas son más urgentes y/o pueden tener más impacto en la reducción de riesgos.
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Promover productos e instrumentos innovadores. Los seguros paramétricos, las coberturas vinculadas a medidas de adaptación, los mecanismos de recuperación resiliente o los esquemas asociados a activos naturales son ejemplos posibles de productos innovadores de seguros (Luque Armand et al., 2026). Pero su viabilidad depende de una relación clara entre el riesgo cubierto, el beneficiario, el pagador, el mecanismo de activación y la medida preventiva.
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Explorar oportunidades de inversión vinculadas a restauración a gran escala y resiliencia. Las aseguradoras son actores relevantes en los mercados financieros. La restauración ecológica presenta ciertos desafíos: beneficios distribuidos, horizontes largos, incertidumbre, mantenimiento y modelos de ingresos todavía poco consolidados. Por ello, el papel del seguro como inversor se refuerza al entenderse como parte de esquemas más amplios de financiación, por ejemplo, con esquemas público-privados.
La hoja de ruta de MERLIN y los 7 elementos se representa gráficamente en la Figura 3:
Figura 3. Infografía esquemática de los 7 elementos de la hoja de ruta del sector asegurador en la restauración de ecosistemas a gran escala.
Fuente: Vion Loisel et al., 2025.
Esta se complementa con la Figura 4, que muestra el punto de inflexión: el expediente de siniestro no tiene por qué terminar únicamente en la indemnización. Si la información del daño se agrega y se analiza territorialmente, puede orientar medidas preventivas, priorizar inversiones y ajustar decisiones futuras. Así, el seguro conserva su función compensatoria, pero añade una capa de aprendizaje para reducir pérdidas recurrentes.
Figura 4. Del siniestro a la prevención: ciclo de aprendizaje y retroalimentación del seguro.
Fuente: elaboración propia a partir de Consorseguros (2022), UNDRR (2015), IPCC (2022) y Luque Armand et al. (2026).
Ejemplos de restauración para la prevención
País Vasco: restauración fluvial y prevención aseguradora
El caso del País Vasco en MERLIN permite aterrizar el vínculo entre restauración ecológica, reducción del riesgo y posible implicación del sector asegurador. Este caso se centró en la restauración hidro-geomorfológica del río Deba, una cuenca de aproximadamente 534 km², con un cauce principal de 62 km y una población asociada de unas 135.000 personas. La intervención se desarrolló con la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibersitatea (UPV/EHU) como socio científico y la Diputación Foral de Gipuzkoa como socio implementador (MERLIN, 2025).
La actuación no se limitó a una intervención aislada. MERLIN planteó una restauración a escala de cuenca basada en la eliminación total o parcial de obstáculos obsoletos, la recuperación de la dinámica fluvial, la mejora de la conectividad del río y la restauración de los hábitats asociados. Frente a proyectos centrados en un único punto, el caso vasco actuó sobre diez obstáculos situados en el cauce principal, con un alcance superior a 30 km de tramo fluvial (MERLIN, 2025).
Figura 5. Del proyecto territorial a la prevención aseguradora en el caso del río Deba.
A) Río Deba con un azud, tipo de obstáculo sobre el que pretende actuar la restauración hidro-geomorfológica en el caso del País Vasco (MERLIN).
B) Delimitación de la Zona de Flujo Preferente en Bergara.
C) Actividades económicas localizadas en el ARPSI de Tolosa.
Fuente: MERLIN y Confederación Hidrográfica del Cantábrico (2022a, 2022b).
La Figura 5 permite leer el caso en tres niveles. La imagen A muestra el tipo de obstáculo físico sobre el que actúa la restauración hidro-geomorfológica. La imagen B conecta esa intervención con la delimitación de zonas de flujo preferente y peligrosidad. Al eliminar un azud se rebaja el nivel basal del agua en la zona embalsada, lo que reduce el riesgo de inundación, sobre todo para las crecidas más frecuentes, que son las de tamaño medio a moderado. La imagen C incorpora la exposición económica en áreas potencialmente inundables. Esta secuencia es importante porque demuestra cómo un proyecto de restauración ecológica es también un proyecto de prevención: intervención, amenaza, exposición y posible reducción de daños.
En Soraluze, el Plan de Gestión del Riesgo de Inundación (PGRI) y su Anejo 3 documentan el uso de modelización hidráulica, cartografía de peligrosidad y actuaciones concretas –como el rebaje de azudes y la sustitución de una pasarela– para reducir el riesgo de inundación. El análisis técnico estimó una reducción de la lámina de agua superior a un metro para el periodo objetivo de 50 años y un beneficio económico anual de 1,55 millones de euros frente a una inversión de 1,31 millones (Confederación Hidrográfica del Cantábrico, 2022a).
El caso de Tolosa aporta una evidencia complementaria. El PGRI identifica actuaciones de defensa frente a inundaciones en el casco viejo y centro urbano, incluyendo la sustitución del Puente Nuevo por otro de mayor capacidad hidráulica. Las actuaciones previstas contemplan una inversión de 4,1 millones de euros, un periodo de retorno de defensa de 100 años y pérdidas económicas evitadas estimadas en 2,33 millones de euros anuales (Confederación Hidrográfica del Cantábrico, 2022a). Un detalle que va más allá de la anécdota es que tanto en Soraluze como en Tolosa se crearon grupos de presión en defensa del statu quo de ambos municipios, es decir, de los azudes en Soraluze y del Puente Nuevo en Tolosa.
En este último caso, el Ayuntamiento organizó una campaña de información en octubre de 2024, con participación de expertos –entre ellos, el proyecto MERLIN– para explicar a los ciudadanos la necesidad de implementar las medidas de los planes de prevención de inundaciones de URA, la Agencia Vasca del Agua. El resultado de dicha campaña no fue tan positivo como se esperaba. Sin embargo, un par de semanas después una DANA asoló numerosos municipios de la provincia de Valencia. Este evento extremo pudo impactar en la percepción del riesgo a nivel público e institucional, de forma que en 2025 el Ayuntamiento de Tolosa accedió a la sustitución del Puente Nuevo.
Para el rol del sector asegurador, el paso clave es la trazabilidad entre intervención, cambio hidráulico y pérdidas evitadas, a lo que se añade el factor determinante de la aceptabilidad social por una mejor percepción del riesgo, con el compromiso político de actuación en prevención, no en polarización. Sin esa evidencia, la actuación queda como una narrativa ambiental difícil de incorporar o aparentemente lejana o desconectada de las decisiones aseguradoras. Cuando esa relación está documentada, la restauración y las medidas híbridas pueden jugar un papel clave como medidas robustas de reducción del riesgo de inundaciones, priorización de inversiones, condiciones de cobertura o recuperación resiliente para reconstruir y para adaptar a largo plazo.
Rumanía: restauración de cuenca y prevención aseguradora
El sector del seguro agrario en Rumanía se enfrenta a desafíos complejos, especialmente en la cuenca del Danubio, en un entorno global de incertidumbre y una cautela extrema en el gasto por parte de los clientes. La agricultura atraviesa un periodo considerado uno de los más difíciles de los últimos 20 años, caracterizado por activos de bajo valor y una limitada educación financiera entre los agricultores respecto al potencial del aseguramiento. Aunque la suscripción de pólizas está en aumento, las dificultades económicas limitan la penetración, llevando a los agricultores a asegurar únicamente los cultivos con mayor potencial de ingresos.
El rol de la prevención es un eje fundamental, aunque su integración es lenta. La incorporación de Soluciones Basadas en la Naturaleza (NbS por sus siglas en inglés) como medidas de reducción de riesgo se ve como un paso a futuro, requiriendo un mejor conocimiento y evidencia documentada del impacto para ser incluidas en el asesoramiento de gestión de riesgos a clientes. La reticencia a adoptar soluciones ecológicas que impliquen cambios en el uso de la tierra es alta entre los propietarios, sobre todo en zonas fértiles, debido a la falta de información sobre inversión, mantenimiento e impacto real en la mitigación de riesgos.
El proceso de concienciación sobre la utilidad de los seguros se acelera gracias a los sistemas subsidiados o las obligaciones de seguro ligadas a la financiación de la Unión Europea para la agricultura. Los agricultores, que inicialmente contratan la póliza por obligación, gradualmente aprecian que el seguro funciona como protección financiera, siendo el proceso más rápido en las grandes explotaciones. La industria aseguradora rumana está diversificando su gama de productos para el mercado agrario, buscando que los seguros sean más asequibles y que, por lo tanto, haya una mayor penetración.
Una estrategia clave para fomentar la resiliencia y la asunción de medidas de adaptación es la extensión del uso de productos de microseguros paramétricos de pagos rápidos ligados a eventos como exceso de lluvia o sequía. Implementados a escala de paisaje en la cuenca del Danubio, podrían permitir una cobertura mancomunada para pequeñas explotaciones agrícolas contra la pérdida de ingresos o rendimientos. Esto les ayudaría a construir una resiliencia compartida a nivel colectivo y, a su vez, la capacidad para asumir el riesgo adicional que implica cambiar las prácticas agrícolas. Ejemplos de éxito, como el de Bistret-Potelu, demuestran el potencial de combinar financiación pública, privada y medidas innovadoras en seguros para impulsar estrategias de adaptación climática basadas en la agricultura regenerativa a escala de cuenca y, por ejemplo, recuperar la humedad del suelo.
Hungría: asegurabilidad, sequía y naturaleza como infraestructura preventiva
La experiencia reciente de Hungría muestra que el aumento de fenómenos extremos está tensionando la relación entre riesgo climático, asegurabilidad y prevención en muchos países de la Unión Europea. Inundaciones, sequías y olas de calor generan daños cada vez más difíciles de anticipar, mientras que los ecosistemas degradados pierden capacidad para amortiguar los impactos de un clima más extremo. En este contexto, la brecha de protección deja de ser solo un indicador asegurador: puede convertirse también en una señal de vulnerabilidad económica y territorial (Bérczi-Siket, Gyura y Vigh, 2026).
El caso húngaro es especialmente ilustrativo por la relación entre sequía, agricultura y disponibilidad de cobertura. Un estudio reciente publicado por WWF Hungría y HUSIF (2)Hungarian Sustainable Investment and Finance Association (Asociación Húngara de Finanzas e Inversiones Sostenibles). señala que, tras la sequía récord de 2022, algunos riesgos asociados a las sequías se han vuelto más difíciles de asegurar en las zonas más expuestas del este del país. Este tipo de situaciones anticipa un dilema cada vez más presente en Europa, aunque no en España gracias a nuestro modelo asegurador. Si el riesgo aumenta y no se reduce en origen, el seguro puede encarecerse, limitar coberturas o retirarse de determinados ámbitos o zonas. Actualmente, la exposición de los ecosistemas a la sequía es objeto de seguimiento continuo mediante el mapa interactivo Exposure of European Ecosystems to Drought de WISE Freshwater (EEA, 2026).
En este contexto, la restauración de ecosistemas fluviales a gran escala y las soluciones basadas en la naturaleza no aparecen como una respuesta genérica, sino como una vía para actuar sobre el origen del riesgo. En sequía, por ejemplo, la restauración de humedales, la recuperación de suelos y la mejora de la retención e infiltración del agua pueden contribuir a reducir la vulnerabilidad y la exposición productiva y territorial. La dificultad está en demostrar ese efecto en condiciones reales: datos locales, líneas de base, permisos, cooperación entre propietarios, mantenimiento y seguimiento.
El Reglamento de Restauración de la Naturaleza refuerza esta discusión al establecer objetivos europeos de restauración para 2030 y 2050 y al reconocer la restauración como una inversión en resiliencia a largo plazo de la Unión Europea (Reglamento (UE) 2024/1991). La posible utilidad y oportunidad para el sector asegurador es que la asegurabilidad futura dependerá cada vez más de lo que ocurra antes del siniestro. Si no se reduce el riesgo en origen, el seguro tendrá menos margen para mantener coberturas accesibles. Si existe prevención demostrable, pueden abrirse espacios para mejores condiciones, instrumentos innovadores o sistemas público-privados de protección.
Del diagnóstico territorial al diseño de instrumentos aseguradores
Las iniciativas de adaptación basadas en seguros, y en concreto gracias a la restauración territorial a gran escala, aportan un marco más amplio al aprendizaje de MERLIN en relación con el futuro marco integrado de riesgos de la UE y planes de adaptación a diferentes escalas (europea, nacional, regional y local). También para que estas políticas tengan coherencia y refuercen las políticas de gestión de desastres y de preparación para reconstruir mejor. Mientras MERLIN parte del territorio –restauración, exposición y reducción física del riesgo–, estas iniciativas parten del diseño del instrumento asegurador o inversor: qué riesgo se cubre, quién paga, quién recibe el beneficio, qué información activa la cobertura y qué medidas preventivas acompañan la solución.
El valor de esta perspectiva es que completa el marco, ya que MERLIN analiza cómo una actuación sobre el territorio puede acreditarse como una medida de reducción del riesgo por parte del sector asegurador. La adaptación basada en seguros recorre el camino inverso: cómo convertir la reducción del riesgo en una oportunidad para soluciones innovadoras de seguros; es decir, del seguro al territorio. Ambas direcciones coinciden en un mismo punto: la prevención solo funciona cuando la medida sobre el territorio y el mecanismo financiero se diseñan de forma alineada, con claridad sobre costes, beneficios, responsabilidades y condiciones de mantenimiento. Esta convergencia sugiere que la adaptación basada en seguros y la restauración ecosistémica no deben abordarse como ámbitos separados, sino como componentes de una misma estrategia de gestión del riesgo climático a escala territorial.
Conclusión: hacia una prevención climática compartida
La intensificación de los riesgos climáticos obliga a repensar el papel del seguro. Su función compensatoria seguirá siendo indispensable, especialmente ante eventos de gran magnitud como la DANA de 2024 o eventos más recientes como los de Andalucía o Portugal. Pero la escala creciente de los daños y la persistencia de la brecha de protección muestran que indemnizar después del desastre no puede ser la única respuesta. La próxima frontera del seguro climático no está únicamente en compensar mejor las pérdidas, sino en contribuir a prevenirlas, de acuerdo con las prioridades de la Estrategia Europea de Resiliencia Hídrica (CE, 2025).
MERLIN aporta una lección central: el seguro no puede construir prevención por sí solo, pero sí puede ayudar a que aumente el número y la escala de actuaciones territoriales que pueden reducir el riesgo. Para ello, la restauración debe expresarse en un lenguaje operativo para la gestión aseguradora: exposición, daños esperados, pérdidas evitadas, mantenimiento, responsabilidades y evidencia verificable. En este sentido, el principal desafío no es demostrar que la restauración genera beneficios ambientales, sino traducir esos beneficios a métricas y evidencias que puedan incorporarse a los procesos de evaluación, tarificación y gestión del riesgo utilizados por el sector asegurador.
Los casos analizados muestran dos dimensiones complementarias. El País Vasco permite ver cómo una intervención fluvial puede conectarse con cartografía de peligrosidad, modelización hidráulica y estimaciones económicas, en este caso gracias a la colaboración directa y al apoyo del Consorcio de Compensación de Seguros y los datos facilitados sobre daños. Rumanía empieza a adoptar nuevos sistemas innovadores de seguros en la reducción del riesgo para el sector agrario. Hungría muestra el problema desde otro ángulo: cuando fenómenos como la sequía tensionan la asegurabilidad, la inversión preventiva deja de ser un complemento ambiental y se convierte en una condición para sostener la protección futura.
La conexión entre restauración, adaptación y seguro no debe plantearse como una sustitución de responsabilidades. La planificación pública, la gestión territorial y la restauración ecológica siguen siendo indispensables. El futuro programa de trabajo del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC) de España ya incluye de forma explícita la restauración como una medida clave de adaptación, y con un valor añadido considerando el reciente análisis de riesgos complejos a nivel nacional del ERICC (OECC, 2025).
Esta evaluación ha demostrado que los riesgos climáticos no operan de forma aislada, sino que están profundamente interconectados. La restauración a gran escala de ecosistemas fluviales actúa de forma directa en las conexiones críticas entre dos sectores, con claras interdependencias y con posibles efectos en cascada identificados como claves. En concreto, los sectores del agua y los recursos hídricos, junto con los riesgos para el patrimonio natural y el sector forestal, son los que tienen mayor capacidad para desencadenar directamente otros riesgos. A la vez que los riesgos para el patrimonio natural, el sector agrícola y los sectores del agua son clave para la propagación de los impactos.
Estos son riesgos compartidos, no solo en el momento del pago, sino a lo largo de todo el ciclo de desastres y de adaptación al cambio climático. Por tanto, es importante ver el valor añadido que el sector asegurador tiene al aportar información, incentivos, criterios financieros y capacidad de aprendizaje para que las decisiones preventivas sean concretas, comparables y sostenibles. El seguro es un elemento clave en la prevención frente al riesgo del cambio climático y la degradación de ecosistemas que disminuyen la resiliencia a escala territorial. En un contexto de aumento del riesgo, el sector tiene una oportunidad, mediante la restauración de ecosistemas a gran escala, para dar un giro hacia la prevención en la gestión de riesgos para el sector asegurador y sus clientes (asegurados e inversores): la oportunidad de la restauración como medida de adaptación y reducción del riesgo con claros retornos económicos.
Referencias
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La DANA de octubre de 2024 mostró con claridad la magnitud de este desafío en España. A 27 de marzo de 2026, el Consorcio de Compensación de Seguros había registrado 251.549 solicitudes de indemnización, con 4.378 millones de euros abonados y una estimación de coste total cercana a los 4.800 millones de euros (Consorcio de Compensación de Seguros, 2026a). El episodio confirmó la capacidad del sistema asegurador español para responder ante una catástrofe de gran escala, pero también evidenció los límites de una estrategia centrada únicamente en compensar daños una vez ocurridos.